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viernes, 28 de marzo de 2014

Relato.

Rozaba la media noche y Sandra se había quedado dormida en el sofá. Mal día para quedarse traspuesta, porque al día siguiente tenía que entregar unos informes a su jefe y aún le quedaba algunos impresos que rellenar e imprimir.  Se desveló hacia las 2 de la madrugada y de un salto se incorporó recordando que aún no había terminado los informes. Miró su portátil, que se había quedado sin batería. Esperaba que al menos se hubiese autoguardado la información que había hecho hasta entonces, si no estaría  perdida. No quería imaginar que la despidieran en plena crisis y con 24 años. Era muy joven para ser la secretaría de un importante empresario, pero digamos que entró a la empresa por enchufe, su madre conocía al señor Menéndez desde que eran jóvenes, digamos que tuvieron algo en su juventud.
Puso el ordenador a cargar, lo encendió y comprobó que toda la información hasta entonces se había guardado. Por suerte si. Decidió hacer café para mantenerse toda la noche despierta para terminar los informes. El señor Menéndez, con eso de ser “la enchufada” le metía mucha caña, y le obligaba a hacer todo a la perfección. Se apagó la luz de la cafetera, lo que significaba que el café ya estaba listo. Usaba una de esas cafeteras antiguas, de las que no iban con cápsulas, le gustaban más, además que el café salía mas rico, más amargo. Le gustaba lo amargo, aunque a veces lo bebía con leche.
Se preparó un café con dos de azúcar, y lo metió en el termo para poder tenerlo en la oficina de su apartamento. Estaba acostumbrada a llevar el termo de un lado a otro, que si al trabajo, a entrevistas con los clientes… etc. Se miró la medallita de oro que llevaba, una que le regaló su padre cuando ella tenía 16 años, antes de que el cáncer se llevara la vida de su padre. Su padre le dijo: “hija mía, no te rindas nunca, no pienses que hay algo que no puedas hacer. Si el destino lo ha puesto en tus manos es porque puedes con ello. Nunca te desanimes”.
Sacudió la cabeza y dejó de pensar en ello, eran las 2 y media de la madrugada y debía ponerse con los dos informes que le quedaban. Bueno informes, dos entrevistas que debía pasar a ordenador, para poder imprimirlo a primera hora de la mañana y colgarlo en el blog de la revista en la que trabajaba.  A ella siempre le tocaba ese trabajo, al menos se había ocupado de dos entrevistas. Aunque eso era lo que ella quería, entrevistar.
Se puso con ello y a las 6 por fin terminó. Le costó pero lo guardo y se fue a dar una ducha para estar fresca cuando estuviese trabajando. Se secó el pelo, se lo rizó, porque no tenía ganas de alisárselo, se puso maquillaje para tapar sus ojeras, cogió su portátil, las llaves del coche y salió rumbo a la oficina.
Cuando llegó era las 8 justas, menos mal que hoy no había llegado tarde ¡maldito tráfico de Madrid! Y la oficina estando en pleno centro... Siempre tenía las mismas quejas, ¿por qué viviría tan lejos de la revista?
-¡Hola Sandra!
María siempre con su buen humor, no sabía nunca como conseguía estar de tan buen humor, aunque hiciese ahí afuera un día de perros. Aunque nevase, aunque lloviese María siempre tenía esa sonrisa en su cara. La admiraba por ello  y eran muy buenas amigas.
-¿Conseguiste terminar de pasar a limpio las entrevistas? Como me mandaste ese WhatsApp a las 3 de la madrugada…
-Por suerte si, a las 6 he terminado
-Vaya… ¿Se lo has entregado ya al señor Menéndez?
-No ahora iba a ello, ¿me esperas y nos tomamos un café y desayunamos en la cafetería de abajo?
-Si claro, me apetece ir al starbuck.
-Vale, ahora vengo.
Sandra fue directamente al despacho de su jefe intentando no encontrarse a nadie más por la redacción, no le apetecía encontrarse con nadie de buena mañana. Al mediodía quizá le apetecería charlar con Pedro.
Dio dos toquecitos a la puerta de su jefe.
-Señor Menéndez, le traigo las entrevistas impresas ya.
-Pasa Sandra, pasa.
Sandra entra al despacho y le deja las entrevistas en su escritorio mientras el se toma un café en su silla.
-Con su permiso, Señor Menéndez, me voy a ir a desayunar.
-Claro Sandra, pero recuerda a las 10 te necesito  para que me digas mi agenda de hoy.
-Claro señor, aquí estaré.

Cogió su bolso y miró que llevaba la cartera. Ya estaba lista para marcharse a desayunar con María.